Una millonaria propuesta de inversión busca recuperar las operaciones de la PIAP. Las firmas privadas Saesa y Spark diseñaron un ambicioso plan financiero que asciende a los 120 millones de dólares. Con estos fondos, los privados pretenden rescatar del abandono técnico a un gigante estratégico que lleva casi diez años paralizado.
El plan presentado contempla un esquema de obras estructurado para ejecutarse en un plazo de 36 meses. El proyecto generaría unos 200 puestos de trabajo de forma directa. De este modo, el país recuperaría la capacidad de vender un insumo muy cotizado en el exterior.
Los inversores buscan aprovechar el gran momento productivo que atraviesa actualmente la formación geológica de Vaca Muerta. La idea central es procesar el gas natural remanente de la cuenca para transformarlo en un recurso estratégico de exportación.
El presidente de la firma Saesa brindó precisiones sobre el verdadero alcance de la iniciativa comercial y técnica. “El agua pesada es gas y energía; es Vaca Muerta transformada en valor agregado, en trabajo, desarrollo y exportaciones”, precisó Juan Bosch. El directivo defendió la viabilidad económica del proyecto frente a los nuevos escenarios energéticos mundiales.
Este líquido específico resulta vital para la moderación de reactores en terminales nucleares nacionales como Embalse y Atucha. Sin embargo, su utilidad actual también se extiende con fuerza hacia la medicina moderna y la fabricación de microchips. El aumento de la demanda global abre un abanico de clientes potenciales en mercados de máxima complejidad tecnológica.
Seguirá en manos del Estado
Para la ingeniería del predio, la firma Spark aportará el soporte técnico indispensable para habilitar de forma temprana la primera fase de producción. Las empresas aclararon que la titularidad del complejo industrial seguirá perteneciendo legalmente al Estado bajo la modalidad de concesión pública. La búsqueda de consensos políticos representa el mayor desafío institucional para sellar el acuerdo definitivo.
El complejo de Arroyito fue inaugurado originalmente en 1993 y detuvo sus operaciones en el año 2017. La fábrica neuquina ostenta el récord de ser la planta de su tipo más grande de todo el planeta. Su reapertura significará el reingreso de Argentina a un mercado global que hoy sufre un marcado desabastecimiento.