La provincia de Neuquén atraviesa un escenario de alerta sanitaria debido al incremento progresivo de casos de tuberculosis. Según datos oficiales del Ministerio de Salud provincial, durante el año 2025 se diagnosticaron 59 personas con esta enfermedad. En lo que va del corriente año 2026, las estadísticas ya contabilizan 10 nuevos pacientes. Esta tendencia local se alinea con un fenómeno nacional donde las notificaciones crecieron un 3,9%, alcanzando cifras que no se veían desde antes de la pandemia.
La infectóloga María Paula Bernaechea, referente del programa provincial, advirtió sobre el impacto del COVID-19 en estas estadísticas. La especialista explicó que, previo a la crisis sanitaria mundial, Argentina registraba cerca de 10.000 casos anuales, cifra que se disparó tras el confinamiento. “En Neuquén la tendencia muestra un aumento progresivo desde la pandemia”, detalló la médica. El contexto epidemiológico actual obliga a las autoridades a intensificar los controles territoriales para frenar la cadena de transmisión.
El diagnóstico temprano se ha vuelto la prioridad absoluta para el sistema de salud neuquino. Bernaechea fue enfática al señalar que el síntoma cardinal es la tos persistente por más de dos semanas. “Una persona con tos por más de 15 días tiene que consultar sí o sí”, remarcó la infectóloga. Para confirmar la patología, los centros de salud locales realizan evaluaciones clínicas, radiografías de tórax y estudios de catarro, permitiendo iniciar el tratamiento de forma inmediata y gratuita.
Las condiciones sociales y los hábitos de vida juegan un rol determinante en la propagación del bacilo en la región. Factores como la desnutrición, las adicciones, el tabaquismo y enfermedades crónicas como la diabetes aumentan la vulnerabilidad de la población. La especialista también vinculó el alza de casos a pacientes con VIH que no reciben tratamiento adecuado. Por ello, cada nuevo positivo en la provincia activa un complejo estudio epidemiológico sobre todos los convivientes para detectar posibles contagios asintomáticos.
Uno de los mayores desafíos en Neuquén es la adherencia al tratamiento, que puede extenderse hasta seis meses. Muchos pacientes abandonan la medicación al mes y medio porque comienzan a sentirse recuperados. “Si lo dejan, la tuberculosis vuelve y empeora”, advirtió Bernaechea con preocupación. La interrupción del proceso no solo impide la cura individual, sino que pone en riesgo a la comunidad al permitir que la bacteria desarrolle una mayor resistencia a los fármacos convencionales.
Para mejorar estas tasas de éxito, Salud ha descentralizado la atención hacia los centros de salud de los barrios. La estrategia busca que los pacientes no dependan de los grandes hospitales y reciban un tratamiento supervisado cerca de sus hogares. “La idea es acompañar también la parte social”, explicó la referente. Con este enfoque territorial, la provincia intenta revertir las cifras y garantizar que cada vecino afectado logre completar su esquema de recuperación de manera efectiva y segura.