La violenta tormenta de granizo que azotó el Valle Medio dejó un escenario crítico para la fruticultura de Río Negro, con daños totales en muchas chacras y pérdidas estructurales que comprometen incluso la próxima temporada.
En diálogo con AM740 La Carretera, el secretario de Fruticultura, Facundo Fernández, describió el fenómeno como “más parecido a una tormenta tropical que a un evento típico de la región”, con ráfagas de hasta 100 km/h y una franja de destrucción que se extendió desde cercanías de Chimpay hasta Lamarque.
El impacto fue severo. “En los sectores productivos hay prácticamente más del 100% de daño, porque no solo afectó la fruta, sino también estructuras, alamedas, acequias y hasta techos de viviendas”, detalló. La situación se agravó porque muchos productores aún no habían podido cosechar debido a lluvias previas, lo que derivó en pérdidas completas de producción.
Entre las variedades más afectadas se encuentran la manzana roja y la Cripps Pink, con chacras que aún tenían entre el 50% y el 70% de la cosecha pendiente.
Asistencia urgente para sostener la actividad
Frente a este escenario, el gobierno provincial activó medidas de emergencia para asistir a los productores. Fernández explicó que se avanzó en la incorporación de los damnificados a la emergencia agropecuaria, lo que implica exención de impuestos provinciales y prórroga de créditos productivos.
Además, se trabaja en herramientas de financiamiento inmediato. “El productor necesita plata hoy, no solo perdió la cosecha, sino que tiene que retirar la fruta dañada para evitar plagas y sostener la sanidad de la planta”, señaló.
En paralelo, se están gestionando créditos blandos para la instalación de mallas antigranizo, una inversión clave para reducir riesgos futuros. Sin embargo, el funcionario advirtió sobre los altos costos: “La malla antigranizo vale entre 15 y 16 mil dólares por hectárea, más que el valor de una chacra productiva”.
Un desafío estructural para la fruticultura
El gobierno también busca mejorar las condiciones de financiamiento, extendiendo los plazos de pago y evitando que los productores deban hipotecar sus bienes. “Si no logramos créditos accesibles, va a ser muy difícil sostener la producción”, advirtió Fernández.
Mientras tanto, equipos del SPLIF trabajan en el territorio para despejar caminos y permitir el ingreso a las chacras, en un intento de recuperar condiciones mínimas de trabajo tras el temporal.
El panorama es complejo: a las pérdidas inmediatas se suma la incertidumbre sobre la próxima temporada, en una actividad que vuelve a quedar expuesta a eventos climáticos extremos cada vez más frecuentes.
Río Negro, 19 de marzo de 2026.