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TRAS LA LISTA DE UNIDAD, LLEGÓ LA ORDEN: NI MPN NI “MAPITA” EN LAS ELECCIONES 2027

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La noticia formal dice que Gabriel Álamo presidirá la Junta de Gobierno del Movimiento Popular Neuquino (MPN) y que solo habrá internas en Centenario. La burocracia partidaria cumplirá sus plazos, proclamará autoridades y firmará actas. Pero detrás de la frialdad del expediente formal, el murmullo de los pasillos políticos revela una sentencia desgarradora: el MPN no competiría en las elecciones provinciales de 2027.

Aquel histórico “mapita” que durante más de seis décadas “garantizó la soberanía provincial, el orgullo federal y la identidad de una provincia que nació para no arrodillarse ante el centralismo”, se encamina a desaparecer de las opciones electorales.

La humillación no vino desde afuera. La herida más profunda es que el tiro de gracia proviene de sus propios despachos. En el entorno del propio Gobernador, Rolando Figueroa, el diagnóstico sobre el partido que le dio un lugar en política es cruel e impiadoso: lo definen simplemente como “pianta-votos”.

Esa es la etiqueta que le han asignado aquellos que alguna vez gozaron de las mieles partidarias. Con sondeos de opinión en la mano y fríos cálculos de oportunidad, la orden transmitida a los intendentes que buscan reelegir fue categórica: no hay espacio para la boleta del MPN. La consigna es alinear filas bajo el sello de Comunidad o en el denominado frente La Neuquinidad.

Aquel sello que fue tractor del desarrollo neuquino ha sido reducido a una simple marca sin mística que solo sirve para arañar un puñado de votos en favor de ajenos. ¿Quién iba a imaginar que el MPN bajaría sus banderas? ¿Quién puede creer que no habrá candidatos a gobernador, vice, diputados, intendentes y concejales cobijados bajo el “mapita”?

Los dirigentes que hoy ocupan cargos y no encuentran buena sintonía con el gobierno provincial ya no piensan en dar la pelea desde adentro. Desorientados y sin conducción, muchos analizan sumarse a otras fuerzas o refugiarse en la creación de partidos vecinales. El sálvese quien pueda reemplazó a la lealtad; la calculadora individual sepultó al proyecto colectivo.

El MPN no agoniza por causas naturales. No fue vencido por una corriente ideológica superior. A este partido lo condenaron al ostracismo sus propios dirigentes.

Agoniza por vanidad. Muchos se creyeron más grandes que la causa que los cobijaba. Agoniza por venganza personal de muchos que hoy conducen la provincia. Agoniza por comodidad, vendiendo la historia por un despacho temporal, una caja o una cuota de poder en el gobierno de turno.

Resulta tristemente paradójico que la cúpula que asume hoy lo haga con la misión implícita de administrar la entrega y ordenar la retirada.

El llanto de la militancia

¿Qué se le dice hoy al veterano de las bases que todavía guarda con orgullo las fotos con Don Felipe, Don Pedro o Sobisch? ¿Cómo se le explica a la juventud que creyó en la bandera parda que el “mapita” ya no va a estar en el cuarto oscuro?

A los militantes les queda hoy la resignación de ver cómo los administradores de la derrota apagan la luz y cierran la puerta. El gigante fue desmantelado desde adentro. En el altar donde antes flameaba el orgullo provinciano, solo queda el polvo de la memoria y la amargura insoportable de la traición.